21/05/2009
18/05/2009
Y ahí estoy, como un tonto superado, pensando en que lo que hago, hoy, está bien. Ahí estoy, machacándome contra la pared, desfigurando mi rostro, interpelando mis verdaderos deseos, obstaculizando lo que erróneamente algunos llaman camino. Estoy, pero no estoy, porque deambulo como un fantasma, me aparto continuamente de lo que intento ser, me regodeo cuando algo tan pequeñito sale bien, me entristezco cuando algo también tan chiquito, sale mal. Ahí estoy y ahí estamos, en la nada misma, en esta cosa plástica que yo no sé definir y vos, que es peor, no llegas ni a verla. La cosa artificial, que nos rodea en busca de compañía, de unirnos, en una sinrazón apabullante, destilando ausencias, ausencias, ausencias. Ahí estoy con treinta años una vida boludita y vos sin poder verme, fortaleciendo mi identidad de hormiga. Acá estoy temblando sobre las palabras y vos que hace sólo un rato me contabas de tus historias pasadas y de tus amores y de cómo te dejaron y de cómo dejaste y yo, con la cara de piedra, el cigarrillo infumable tragándomelo todo, la sonrisa latosa, que ya me conocés hace un año y aún no te avispas de que no está todo bien, de que yo ahí me estoy sabiendo perezoso, incómodo y deseando cualquier otra situación, la que sea. Ay, el amor, tan distinto a las atrocidades individuales, tan diferenciado de la vida y la muerte, que golpea a destellos, bien, te digo, ahí me contabas cualquier horror de lo que pudiera haber sido tu vida en determinado momento, y mi cara de piedra se hubiera transformado en simplemente mi cara, la única que tengo y puedo mostrar cuando sólo soy yo... Pero no, nos enfrascamos, juntos, en lograr desconocernos en presencia; me trago el salivazo cuando en una especie de egolatría deprimente te afirmo cuánto perdí cuánto salió todo mal cuán mal estamos qué perdido está todo. Haces oídos sordos y eso termina gustándome, trato de cobijarme en tu lerdo y mínimo cariño, en tu forzosa búsqueda de compañía. Y ahí estoy, con mis años, vendiendo mi fuerza de trabajo atendiendo clientes (sonrío ocho horas con el ánimo por el piso), para después, en la infernal ciudad, esquivar individuos que se parecen a Frankenstein, llegar y esperarte ansioso sin poder ni siquiera calmarme y al vos venir, tarde y sin ganas y con una obligación que se parece a la que yo tengo con el supermercado, repetir lo que repetimos hace tiempo, el intento de conocernos un poco más, sin destino, como dos lagartijas en el desierto. Y ahí estoy y te bajo a abrir la puerta, no te enojes que me voy, me decís, ya no recuerdo qué contesto, pero camino famélico a tu costado, en silencio y en una búsqueda que intenta buscar las palabras para después acomodarlas en la oración y que no, no están, no hay posibilidad de ser determinante, escojo el silencio y vos lo único que repetís es que no me enoje. Te sigo diciendo que no y nos despedimos; la repetición de la cadena sé que se seguirá dando en las próximas semanas, por decir algo, por decir cualquier cosa, por en vano dejar la marca de que el ideal de construcción que mañana al caminar me guiará la sonrisa es falso, es mentira, que es barro amoroso del porvenir idiota que acumulamos a la par del descuento de los días.
07/04/2009
11/03/2009
Con el rock crecí y seguiré creciendo. Uno va escuchando, creando nexos, enganchándose, enamorándose, continúa, duda de otras cosas, uno es constantemente aderezado por el clima musical que acompaña el devenir. Ahí están las distorsiones y los arpegios y los cuelgues instrumentales, las canciones perfectas, las voces desgarradas, lo que suena sincero para unos y para otros no, el defender a un grupo o a un músico, el criticarlo, el obedecerlo, el seguirlo, el sentirlo. Desde hace unos meses existe en mi vida una banda llamada Ático, de
18/02/2009
Tu forma de actuar
para así convertirlo en...
En...
Desgracias. Sentimientos desfigurados
que rodean tu corazoncito de leche.
Tibio tibio tibio.
Ese es tu paso. Es claro que si no estás,
todo se desmorona.
Paradoja del desencuentro, ésta, amor,
que nos arroja y libera.
15/02/2009
Qué fácil que es dudar y envolverse en la confusión, así quemar el tiempo, desgastarlo y transformarlo en pasado. Qué es lo que queda, no sabemos. Un amigo escribió: “Madurar es disecar la lagrima atragantada” y le doy la razón. Confundirse para evadirse, confundirse para no ir a los bifes. Pareciera a propósito. En la jerga amiguera, nuestra, la palabra, exaltada y potenciada hacia el absurdo, es “comerla”. En busca de comerla, de morfarla. ¿La estás comiendo?, sí, claro, contestamos. Así al unísono. Los perros se manejan así. Este intento de poema es para nosotros. Ya es siempre lo mismo. Releerlo es caer en la triste cuenta del procedimiento de la no-creación. O quizá no. Quizá uno elige, aunque no siempre se sienta figurado, ese camino distorsionado, y así hasta la muerte. Y así hasta vivir. Y así para siempre.
Los cachorros
Entonces enfadados:
la pesadumbre conmueve,
expulsa.
Entonces:
¡qué del asado!
¡qué del tiempo perdido!
¿perdido?
¿aniquilado?
Gastado…
Ráfagas patagónicas
que golpean por dentro y por fuera
el material
el corazón
Vientos crueles…
Traigan certezas
de que la vida...
De que en la vida hay sorpresas
¡De que algo nuevo refleja!
Pero si con estas manitas, vientos…
Si con estas manitas voy a morir…
Si con estas manitas te abrazaré por siempre hasta el día
¡Ay de mí de vos y de todos!
¡de qué estamos hechos!
No nos pongamos trágicos,
allá está el prado
el animal
–nuestro par–
avizora
Y queda tan calladito…
¡esta es su salvación!
¡Salve, instintos!
¡Celebremos lo salvaje!
En el desierto el débil cobra fuerzas,
aclarece sus ideas,
festeja su cuerpo,
construye lo inalcanzable…
Lo acerca de un tirón
para abrazarlo y concluir:
si hay camino
detrás del arbusto
entonces
correr
(pasos gigantes)
batir al cansancio
escupir al dolor
sangrar de sudor
gritar de amor
¡hasta que el eco
sea escuchado!
¡hasta que la razón
de enferma y astuta
desaparezca en el desierto!
Al momento, entonces
de cocinarnos famélicos
la respuesta
es no
la respuesta
es sí
…unámonos cachorros
que siendo presas devoradas
y no deglutidas
del otro lado
(del precipicio)
hay que continuar